El café, en todas sus facetas, y sin importar su origen, evoca tradición. Hoy día, es la bebida que ingerimos cada mañana. Es el elixir que nos acompaña en las historias del ayer, en los planes del futuro, o en las conversaciones del presente. Es, además, la fragancia de nuestra tierra, ¿o qué huele Colombia, si no es a café?
Pero hablemos un poco del pasado. A lo largo del tiempo, esta bebida se ha visto envuelta en cientos de leyendas e historias, buenas y malas (depende de quién las cuente), y el día de hoy queremos compartirte una de ellas:
Hace muchos años, en Salazar de las Palmas, un pueblo del Norte de Santander, un sacerdote impulsó la siembra del café en esta región. Tenía una muy particular penitencia para sus feligreses tras el momento de la confesión: sembrar café. ¿Te imaginas que, dependiendo del pecado, variara el numero de matas de café que debías sembrar? Esto era exactamente lo que hacia este cura y, en su tiempo, esta región fue muy prospera en lo que a la comercialización de café se refiere. Tanto así, que fue desde allí donde se realizó la primera exportación de café, en 1835.
Sin dudas, es una historia muy particular, igual que muchas otras que rodean al café. ¿La conocías?